LA INFAMIA DE MORIR EN PRISI√ďN

LA INFAMIA DE MORIR EN PRISI√ďN

 Homenaje al militante comunista Francisco Luis Correa Gallego

 “En mi modesta medida he cumplido con mi deber

con mi pa√≠s y con mi pueblo‚ÄĚ

Nelson Mandela

 

Bogot√°, Mayo de 2016

Por: Liliany Obando[1]

Siempre he pensado que no hay nada más triste e  indignante que morir en soledad y enfermo en una cárcel.  Por eso, no pude contener las lágrimas cuando al leer un artículo sobre el tema carcelario me enteré que mi amigo y Camarada Francisco Luis Correa Gallego había muerto el pasado 10 de mayo como consecuencia de una enfermedad que adquirió en prisión y que como en muchos otros casos fue inadecuadamente tratada.

Francisco era uno de los miles de prisioneros(as) políticos que con estoicismo mantienen sus principios y moral revolucionaria y que también con expectativa esperaba recuperar la libertad a través de una Ley de Amnistía e Indulto, que debe resultar del actual Proceso de Paz entre el gobierno Santos y las FARC.

Desde su detenci√≥n hace unos 4 a√Īos atr√°s, hab√≠a sido trasladado de un establecimiento penitenciario a otro.¬† Estuvo en las c√°rceles de Garz√≥n, Huila; Rivera en Neiva, Cunduy en Florencia y la C√°rcel Modelo de Bogot√° era la √ļltima de ellas.¬† Este a√Īo cumplir√≠a 69 a√Īos y por eso se encontraba en el Patio de Tercera Edad en esa prisi√≥n reconocida por los dantescos hechos ocurridos en su interior: desapariciones, asesinatos y desmembramientos de m√°s de un centenar de personas entre visitantes y presos, a manos de paramilitares,¬† hace m√°s de una d√©cada.¬†

Como ocurre con muchas otras personas privadas de la libertad, por la improvisaci√≥n y m√©todo de castigo en materia penitenciaria ejercida por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC,¬† para Francisco¬† los d√≠as transcurr√≠an sin tener contacto directo con su n√ļcleo familiar que qued√≥ lejos, en el Caquet√°, tras su captura.¬† Por eso se alegraba tanto cuando recib√≠a una que otra visita solidaria.¬†

Recuerdo que en una de esas visitas realizadas con un grupo de jóvenes estudiantes voluntarios del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, a la  hora de presentarse, Francisco con su sonrisa generosa y la calidez de un camarada,  se explayó en un rico recuento histórico de las luchas populares y revolucionarias en nuestro país, tratando de ubicar el momento preciso donde él entró a hacer parte de las mismas.  Historias quizá ya difusas para las nuevas generaciones, pero que como ocurre con los cuentos de las y los abuelos no dejan de cautivar a sus escuchas. 

De larga data, se hab√≠a vinculado a la lucha revolucionaria a la que no renunciar√≠a hasta el final de sus d√≠as. Se uni√≥ a las filas del Partido Comunista Colombiano en la regi√≥n del bajo r√≠o Orteguaza, en la cabecera del municipio de Mil√°n, Caquet√°, donde soport√≥ la arremetida del Terror de Estado desatada en tiempos de Turbay Ayala. ¬†Reconocido como ‚Äúun militante aguerrido y disciplinado‚ÄĚ, bebi√≥ de la experiencia de los comunistas que ven√≠an desplazados del Tolima y Huila.¬†

Comprometido con la paz, en su momento, apoy√≥ el proceso de di√°logos de La Uribe, de cuyo seno naci√≥ el Movimiento Pol√≠tico Uni√≥n Patri√≥tica (UP). Y fue concejal por la Uni√≥n Patri√≥tica, en sus primeros a√Īos de existencia. Con emoci√≥n narraba c√≥mo en el proceso de proselitismo de la entonces naciente UP, ¬†recorri√≥ veredas y caser√≠os por el Caquet√° incluso junto al hoy negociador de las FARC en La Habana, Iv√°n M√°rquez, quien entonces fuera destacado por esa organizaci√≥n insurgente para hacer¬† pol√≠tica por la v√≠a legal.¬†

En 1988 fue promovido ¬†para ocupar un cargo en la primera alcald√≠a popular de la UP en el municipio de La Monta√Īita en el Caquet√° junto a Omar Alfonso C√≥mbita, otro revolucionario y ex prisionero pol√≠tico.¬† Este √ļltimo describe a Francisco como un compa√Īero ‚Äúresponsable y de mucha m√≠stica militante‚Ķ que siempre fue cr√≠tico severo de las cosas no correctas‚ÄĚ.¬† Y de quien tambi√©n dice que ‚Äúnunca dud√≥ de la vigencia de la lucha por la democratizaci√≥n del pa√≠s, por la salida pol√≠tica y por lograr la m√°s amplia unidad popular para llegar al poder‚ÄĚ.

De origen campesino, Francisco se preocupaba siempre por fortalecer su formación ideológica, política y cultural a través de una asidua lectura, preocupación que también mantuvo en la cárcel. 

Francisco, quien sobrevivió en su región de origen al paramilitarismo que pretendía cobrarle su militancia comunista, no  logró en cambio hacerlo a los barrotes que impone el Estado a quienes se atreven a desafiar su poder. 

La c√°rcel es un escenario de prueba al temple revolucionario y Francisco no fue inferior a ese reto.¬† En un par de cartas, una que me dirigi√≥ a m√≠ y que preservo con especial cari√Īo, y en otra dirigida a un escenario pol√≠tico, expresa abiertamente su profundo orgullo de ser comunista.¬†

¬†‚Äú‚ĶNo puedo olvidar a los compa√Īeros: Manuel Cepeda Vargas, Jos√© Antequera, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Henry Mill√°n Gonz√°les, quienes me hicieron un disc√≠pulo de la revoluci√≥n pol√≠tica y me vincularon a hacer parte de ese ej√©rcito explotado por el capitalismo‚ÄĚ.

Igualmente dej√≥ expresas sus f√©rreas convicciones se√Īalando que a√ļn desde la c√°rcel sent√≠a la ‚Äúmotivaci√≥n de seguir luchando por construir una nueva sociedad sin excluir a nadie‚ÄĚ.

Desde la primera vez que visit√© a Francisco en la Modelo quise reconocerle su firmeza, su m√≠stica, su ejemplo, y pens√© que escribir√≠a un art√≠culo sobre √©l y su lucha.¬†Los reconocimientos y homenajes merecidos a nuestros (as) compa√Īeros de lucha es mejor hacerlos en vida, no obstante, dada la dureza de las condiciones en las que asumimos la militancia en nuestro pa√≠s, nos topamos muy frecuentemente con hechos fat√≠dicos como √©ste.¬†

No me lo esperaba Francisco, me qued√© con el paquete listo en el que hab√≠a incluido el libro Fidel y La Religi√≥n, la Constituci√≥n Pol√≠tica, las √ļltimas ediciones de VOZ y el resaltador que me pediste que te llevara en nuestro pr√≥ximo encuentro. Lo siguiente ser√≠a darte el abrazo de bienvenida a la libertad tras la amnist√≠a.¬† Ya no fue posible y no imaginas c√≥mo duele‚Ķ

Ahora, Francisco, con mi coraz√≥n lloviendo por tu ausencia, s√≥lo puedo rendirte tributo sum√°ndome a tus sue√Īos, recogiendo tus banderas y compromiso revolucionario.¬† Compromiso que dejaste plasmado tambi√©n con tu pu√Īo y letra:

‚ÄúCompa√Īeros:¬† yo exhorto a todos los que est√°n afuera y a los que estamos privados de la libertad a continuar luchando por construir la Colombia que queremos, en Paz y con Justicia Social‚ÄĚ.

 

 Hasta Siempre querido Francisco, ya eres de los imprescindibles!

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[1] Socióloga, defensora de derechos humanos, ex prisionera política.


QUE EL SOL DE LA NO VIOLENCIA BRILLE PARA LAS MUJERES PRIVADAS DE LA LIBERTAD

QUE EL SOL DE LA NO VIOLENCIA BRILLE PARA

LAS MUJERES PRIVADAS DE LA LIBERTAD

-Memorias de Prisión-

Por: Liliany Obando[1]

Hoy, en el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres es una buena oportunidad para visibilizar a aquellas mujeres que por razones de la exclusión, la discriminación, la subordinación, y la pobreza transgredieron la ley y  hoy se encuentran privadas de la libertad.  E igualmente para reconocer y acercarnos a la realidad de las cientos de prisioneras políticas en razón de su lucha, armada o legal, pero criminalizada, contra un sistema y Estado oprobiosos.

I

Ternura. Guayasamìn

Hab√≠an transcurrido pocos d√≠as desde mi arribo al patio seis de la reclusi√≥n de mujeres¬† ‚Äúel Buen Pastor‚ÄĚ -pabell√≥n en el que se confina a las prisioneras pol√≠ticas- cuando fui reasignada de celda al segundo tramo (piso). Yo no entend√≠a lo que acontec√≠a y fue mi compa√Īera de celda quien me explic√≥ que al estar reci√©n llegada, el nivel de seguridad que ameritaba, a criterio de la guardia, era mayor.¬†

Mi nueva compa√Īera de celda no era otra prisionera pol√≠tica sino una presa social[2]. ¬†Me llam√≥ la atenci√≥n de entrada el por qu√© ella se encontraba entre nosotras y no dud√© en preguntarle.

A medida que me contaba su historia y con el paso de los días al conocernos un poco más y empezar a construir  lazos afectivos me sentí más identificada con su vivencia que a lo largo sería la vivencia compartida por la mayoría de nosotras.

 

Sol[3], era como muchas de las mujeres recluidas, una mujer joven y una madre cabeza de familia.[4] Al momento de ser detenida ella estudiaba educaci√≥n pre escolar y a la vez ten√≠a un esposo al que ayudaba a trabajar y un peque√Īo hijo.¬†

Cierto d√≠a, tras una acalorada ri√Īa familiar, su hermano termin√≥ herido de muerte con un cuchillo que ella empu√Īaba.¬† All√≠ empez√≥ toda su tragedia.¬† Ella era conducida a la prisi√≥n de mujeres y luego fue condenada a m√°s de 15 a√Īos de c√°rcel.

Su familia le dio la espalda y en sus primeros tiempos de prisi√≥n ¬†s√≥lo su esposo e hijo la visitaban.¬† Durante una de las visitas conyugales, ella qued√≥ embarazada y tuvo una ni√Īa[5].¬† En ese momento se encontraba en un pabell√≥n de presas sociales donde algunas de las madres con hijos e hijas menores de tres a√Īos pueden convivir con sus madres en intramuros y ella logr√≥ que le dieran uno de esos escasos cupos.

Pero como ocurre con mucha frecuencia en el caso de las mujeres que afrontan privaci√≥n de la libertad, Sol fue abandonada por la √ļnica persona que estaba a su lado, su compa√Īero y padre de su hijo e hija[6].¬† Sol qued√≥ completamente sola viviendo la realidad de una larga condena.¬† Pero el abandono de su compa√Īero tambi√©n signific√≥ el empezar a asumir el papel de madre cabeza de familia, pues sus dos menores tambi√©n fueron abandonados a su suerte mientras su ex compa√Īero sucumb√≠a en el mundo de las drogas.¬†

Sol tuvo que vivir el inconmensurable dolor de entregar a su primer hijo a una fundaci√≥n[7] para que velara por √©l mientras estaba en prisi√≥n, al tiempo, compart√≠a con su hija los pocos a√Īos que permite el sistema carcelario.¬† A√ļn recuerdo a Sol cont√°ndome con las l√°grimas asomadas a sus ojos, c√≥mo a√Īoraba la llegada del fin de mes para poder recibir la visita de su peque√Īo ausente ‚Äď en cierta forma tambi√©n preso ‚Äď en una fundaci√≥n que tampoco le brindaba el mejor cuidado.¬† Sol me contaba c√≥mo le dol√≠a recibir a su ni√Īo con su cabeza invadida por los piojos y no poder hacer nada m√°s que colmarlo de amor los breves instantes que pod√≠a compartir con √©l mes a mes.

Todas estas vivencias de quiebre llevaron a Sol a tomar un peor camino hasta tocar fondo.¬† Se dej√≥ arrastrar al consumo de las drogas[8] y aprendi√≥ a robar[9] para poder sostener su adicci√≥n.¬† Ella me describ√≠a c√≥mo pasaba sus d√≠as en una celda oscura cual el ‚Äúcartucho‚ÄĚ[10] donde las mujeres consumidoras se perd√≠an miserablemente. S√≥lo fue el inmenso amor por sus peque√Īos hijo e hija las que la sacaron de ese abismo.¬†

Una vez su hija cumpli√≥ los tres a√Īos, con el coraz√≥n desgarrado nuevamente Sol tuvo que ¬†entregarla a una fundaci√≥n mientras buscaba afanosamente a alguna persona amiga que se hiciera a cargo de sus dos hijo e hija.¬† No era f√°cil, su cautiverio ser√≠a largo.¬† Finalmente parientes de su ex esposo quienes viv√≠an en un lugar remoto ¬†le tendieron una mano, pero dado su nivel de pobreza s√≥lo pod√≠an hacerse cargo de su ni√Īo mayor.¬† As√≠ que ellos mismos buscaron a una se√Īora amiga que acept√≥ cuidar a su peque√Īa hija.¬† Separados as√≠ nuevamente hermana y hermano esperaban a que alg√ļn d√≠a su madre pudiera reunirse con ellos y recibir de ella ¬†finalmente todo el amor y cuidados despojados por las circunstancias.¬† Ese era tambi√©n el mayor sue√Īo para Sol mientras llevaba a cuestas el d√≠a a d√≠a de un penoso y largo encierro.

Fue por ellos, me dec√≠a, que haciendo un gran esfuerzo personal, pues nunca recibi√≥ un tratamiento terap√©utico de parte de la prisi√≥n, que se propuso salir del mundo de la droga y la delincuencia en que hab√≠a ca√≠do.¬† Por eso me dec√≠a, le pidi√≥ a la guardia[11] que la sacaran del patio en el que se encontraba y la ubicaran en el patio de las guerrilleras[12].¬† Aunque hab√≠a escuchado que -all√≠ era m√°s dif√≠cil por el aislamiento que ellas viv√≠an, pero tambi√©n hab√≠a o√≠do que era ‚Äúun buen patio‚ÄĚ- refiri√©ndose al comportamiento de las prisioneras pol√≠ticas, en el que no se cometen delitos ni se consume drogas.

Así fue como terminé compartiendo celda con Sol y conmoviéndome cada día con su infinito amor por su hija e hijo, sintiéndome profundamente identificada con ese sentimiento en mi propia vivencia.

¬†D√≠a a d√≠a vi a Sol, ya libre de drogas y de otros vicios, rebusc√°ndose no s√≥lo su sustento sino que m√°s afanosamente luchaba por conseguir algo para hacerles llegar a sus hijos, a quienes no ve√≠a hac√≠a a√Īos porque se encontraban a kil√≥metros de distancia y bajo custodia de personas humildes que no contaban con los recursos econ√≥micos para traerlos de visita de cuando en vez.

Sol hac√≠a todo tipo de trabajos como limpiar ba√Īos, hacer aseos, calentar comidas, lavar ropa, cualquier cosa con tal de recibir un pago de las propias internas ante la inexistencia de un trabajo remunerado por parte del INPEC. ¬†Con el dinero que recib√≠a por su trabajo[13], compraba en el expendio algunos dulces y art√≠culos de aseo.[14] Tambi√©n la vi recogiendo afanosamente de entre los mejores alimentos: panes, frutas, embutidos, que a veces algunas internas dejaban de la comida de la ‚Äúrancha‚ÄĚ[15]. Cuando ya ten√≠a un paquete listo nos ped√≠a a sus compa√Īeras de patio que le colabor√°ramos con la ayuda de nuestros familiares o amigos que nos visitaban para enviar v√≠a correo su peque√Īo aporte a la manutenci√≥n de sus peque√Īos.

Una madrugada cualquiera Sol fue trasladada sin ninguna explicaci√≥n de la guardia, junto con otras de mis compa√Īeras presas pol√≠ticas a la Tramac√ļa, en Valledupar[16], luego tras una lucha de las internas confinadas en la √ļnica torre destinada a las mujeres en tan infernal prisi√≥n, fue Sol traslada junto con la casi ¬†una centena m√°s de mujeres que estaban con ella, al establecimiento penitenciario y carcelario de C√ļcuta.¬† Lo supe porque tuve la peque√Īa fortuna de recibir una carta suya en la que me contaba de sus nuevas experiencias en esas c√°rceles al tiempo que me adjuntaba como regalo un diminuto bordado con la imagen del Ch√© Guevara y mi nombre al lado, obsequio que a√ļn conservo con especial cari√Īo.¬† Ella lo bord√≥ especialmente para m√≠ porque estando entre nosotras las prisioneras pol√≠ticas entendi√≥ que el Ch√© era un importante referente revolucionario.

Despu√©s de eso no volv√≠ a saber de Sol y esa es una gran p√©rdida que a√ļn cargo.¬† Aspiro a que haya finalmente logrado su libertad condicional y est√© reunida como era su sue√Īo con su hija e hijo, aunque lo dudo por la larga condena que afrontaba. ¬†Por eso hoy escribo de memoria este pedazo de su historia como un homenaje a ella y a las miles de mujeres que como ella tambi√©n hacen su propio ejercicio de resistencia, no ya desde una postura pol√≠tica, sino desde su propia existencia.

Aunque las mujeres no nos definimos como tales por ser madres, esta es una realidad de a pu√Īo que vivimos una inmensa mayor√≠a.¬† Realidad que se hace m√°s dif√≠cil si consideramos que un gran n√ļmero asumimos solas la jefatura de nuestras familias en medio de la discriminaci√≥n, subordinaci√≥n, exclusi√≥n y falta de oportunidades en raz√≥n de ser MUJERES. ¬†¬†

II

Hoy nos encontramos con un esperanzador escenario de conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, y ante un posible inicio de conversaciones de paz con el ELN. Hoy muchas colombianas y colombianos vemos con esperanza esta nueva oportunidad de cerrar de forma negociada y definitiva este reciente cap√≠tulo de una guerra que ha afectado especial y sensiblemente a miles de mujeres, j√≥venes y ni√Īas.

También vemos con espíritu positivo que en el marco de esas  conversaciones de paz, por primera vez exista una Sub-comisión de Género, que pretende en primer lugar reconocer el papel de las mujeres de forma diferencial y plantear políticas transversales con perspectiva de género en la implementación de los acuerdos pactados por las partes en La Habana en el escenario de construcción de paz.

Igualmente vemos con optimismo la firma de un acuerdo en materia de justicia que se materializar√≠a a trav√©s de un Sistema Integral de Justicia, Verdad, Reparaci√≥n y No Repetici√≥n que pondr√≠a en un lugar central a las v√≠ctimas del conflicto interno, la mayor√≠a de ellas mujeres, j√≥venes y ni√Īas.

Ser√≠a deseable por lo tanto que en el marco de ese Sistema, existieran como han existido en otras experiencias Tribunales Especiales para las Mujeres en el que las violencias sufridas por las mujeres, j√≥venes y ni√Īas en el marco del conflicto interno puedan ser tramitadas integral y efectivamente por personal id√≥neo y con una s√≥lida formaci√≥n en justicia de g√©nero[17].

Igual de importante es que a la hora de nuevos gestos humanitarios, las mujeres prisioneras políticas, algunas de ellas lisiadas de guerra y aquellas con graves enfermedades también sean amnistiadas y/o indultadas y visibilizadas positivamente, no como delincuentes.

Pero no menos importante ser√≠a, y dada la invisibilidad con la que las mujeres privadas de la libertad ¬†en general han sido tratadas, que el gobierno nacional haga un gesto de voluntad pol√≠tica, antes de la firma de un acuerdo final y saque a las ni√Īas y ni√Īos de las c√°rceles pero con sus madres, porque no se trata de perder un derecho ganado por las mujeres privadas de la libertad que tienen hoy a sus peque√Īos (as) con ellas.¬† Sino de empezar a abrir las puertas a formas de justicia alternativas. No es deseable que miles de mujeres, transgresoras algunas por motivos de pobreza y otras en su calidad de prisioneras pol√≠ticas sean nuevamente excluidas, estigmatizadas y re victimizadas.

Es hora de que se empiece a dar aplicaci√≥n en serio a leyes ganadas por muchas mujeres, de que se haga efectiva una verdadera Justicia de G√©nero[18] que le ofrezca alternativas distintas a la prisi√≥n a las mujeres cabeza de familia, muchas de ellas prisioneras pol√≠ticas para que miles de ni√Īas y ni√Īos, esas nuevas generaciones no terminen arrastrados con sus madres a la pesadilla de la prisi√≥n y por esa v√≠a vean conculcados sus m√°s elementales derechos.¬†

Es hora de que el Estado colombiano y gran parte de la sociedad entiendan que no es con la creaci√≥n de nuevos delitos y m√°s penas y m√°s c√°rcel c√≥mo se supera la violencia y la delincuencia.¬† Es con la generaci√≥n de oportunidades, con la inclusi√≥n, con justicia social con perspectiva de g√©nero como nuestro pueblo podr√° dejar atr√°s las secuelas de una cruenta guerra, para que nuestras mujeres, j√≥venes y ni√Īas no sean sometidas nunca m√°s a las diferentes formas de violencia en raz√≥n de ¬†su ser femenino.

Es hora de que se abran las rejas  y que  las mujeres le apostemos y aportemos a la construcción activa, con nuestra participación directa y sin subordinaciones,  de un nuevo país en paz y con justicia social.

Noviembre 25 de 2015.


[1] Socióloga, defensora de derechos humanos, ex prisionera política.

[2] Referido a una persona privada de la libertad por estar sindicada o condenada por un delito com√ļn.

[3] Así la llamaré para proteger su verdadera identidad.

[4] La mayor parte de mujeres en prisión son madres, algunas por opción otras por embarazos no deseados.  La inmensa mayoría en condición de cabeza de familia. Pero el Estado a través del INPEC no les garantiza ni siquiera a éstas mujeres, en una condición especial, el acceso a un trabajo remunerado que les permita, como en algunos países europeos, brindarles a sus menores el sustento económico que necesitan, haciendo extensiva la pena a sus hijas e hijos.

[5] En Colombia no existe para las mujeres la opción del aborto de manera legal.  Sólo y no con dificultades ha sido aprobado ese derecho de las mujeres en casos de violación o malformación del feto.  Condiciones especiales como las de las mujeres privadas de la libertad son completamente ignoradas.  Así que practicarse un aborto en prisión sólo sumaría una nueva pena a las mujeres privadas de la libertad.

[6] Son pocos los hombres que se mantienen constantes y leales acompa√Īando a las mujeres mientras est√°n presas.¬† Las historias que conoc√≠ de mujeres que vieron desintegrado su hogar despu√©s de su encierro no fueron pocas. Y el abandono de ellas a su suerte muchas veces tambi√©n ha significado el abandono de sus hijas e hijos.¬†

[7] En el sistema penitenciario y carcelario colombiano permite que algunas mujeres privadas de la libertad convivan con sus menores hasta la edad de los tres a√Īos.¬† Son cupos limitados para unos pocos casos.¬† Cuando las ni√Īas y ni√Īos alcanzan esa edad deben ser entregados a un tercero.¬† Ante la ausencia de un familiar o persona amiga que acoja a los menores √©stos son tomados bajo la custodia del Estado a trav√©s de Instituto Colombiano de Bienestar Familiar - ¬†ICBF y otras fundaciones autorizadas para ese fin.¬†

[8] En las cárceles colombianas la venta y consumo de drogas es una constante.  El personal de custodia del INPEC seriamente comprometido en prácticas de corrupción también hace parte de la cadena que permite el acceso de todo tipo de drogas a las cárceles.  

[9] Tampoco son las c√°rceles colombianas un modelo de ‚Äúresocializaci√≥n‚ÄĚ.¬† Al contrario son verdaderas escuelas del crimen.

[10] Es una zona marginada de Bogot√° reconocida por la venta y consumo de drogas, de prostituci√≥n, de trata de mujeres y ni√Īas y ni√Īos, entre otros.

[11] El personal de custodia en las c√°rceles, que en Colombia a nivel nacional est√° bajo la responsabilidad de Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario ‚Äď INPEC.

[12] Existe un imaginario contradictorio en la c√°rcel frente a las prisioneras y prisioneros pol√≠ticos creado en gran parte por el trato de ‚Äúenemigo interno‚ÄĚ dado por el INPEC; por una parte se asume que la totalidad de las prisioneras y prisioneros pol√≠ticos son guerrilleras o guerrilleros y por tanto de alta peligrosidad, lo cual no es cierto, pues entre las prisioneras y prisioneros pol√≠ticos muchas y muchos no son combatientes rebeldes sino miembros de organizaciones sociales, populares y pol√≠ticas de izquierda.¬† Hasta hace poco ni el gobierno ni sus instituciones reconoc√≠an la existencia ¬†de prisioneras y prisioneros. Por otra parte, el INPEC hace un reconocimiento t√°cito de que los pabellones de presas y presos pol√≠ticos son patios en los que el comportamiento de ellas y ellos es radicalmente distinto al que se vive en los pabellones donde se albergan presos y presas sociales.

[13] En las c√°rceles y penales colombianos est√° prohibida la tenencia de dinero en efectivo. En cambio el INPEC ha creado unas cuentas bancarias a trav√©s de las cuales familiares o amigos pueden hacer consignaciones a las personas privadas de la libertad. Esos recursos son manejados a trav√©s de un c√≥digo ‚Äúpin‚ÄĚ que se asigna a cada interno (a).¬† ¬†

[14] Una tienda de abarrotes y alimentos dispuesta por el INPEC para que las personas privadas de la libertad puedan comprar productos.  Así las personas privadas de la libertad son también clientes consumidores altamente rentables para el INPEC.

[15] Así se le denomina a la comida a cargo del INPEC y destinada a las personas privadas de la libertad.  Es tan mala y poco balanceada la comida que reciben las presas y presos que una gran parte de esta va a dar a unas canecas de desperdicios.

[16] La Tramac√ļa es una expresi√≥n de los habitantes de la costa atl√°ntica colombiana para referirse a algo descomunal, muy grande.¬† Es uno de los penales colombianos ubicado en el municipio de Valledupar en donde las personas privadas de la libertad afrontan las condiciones m√°s adversas de reclusi√≥n y en donde se violan sistem√°ticamente los derechos humanos de los internos, por ello tambi√©n es nombrado como el ‚ÄúGuant√°namo‚ÄĚ colombiano. ¬†¬†En un tiempo existi√≥ all√≠ una torre destinada a las mujeres que por la lucha de las mujeres all√≠ confinadas y el apoyo de otras(as) presos y organizaciones defensoras de derechos humanos tuvo que ser cerrada, quedando s√≥lo habilitada para personal masculino.¬† Hoy hay una sentencia de la Corte Constitucional que ha exigido su cierre total y se est√° a la espera de su cumplimiento.

[17] Experiencias de Tribunales Especiales para conocer las violencias contra las mujeres existen en ‚ÄúBrasil, Espa√Īa, el Uruguay, Venezuela, el Reino Unido y varios Estaos de los Estados Unidos‚ÄĚ y algunos pa√≠ses que cuentan con experiencias de fiscales preparados (as) para investigar violencias basadas en g√©nero son Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Espa√Īa y Venezuela.¬† V√©ase en Isabel Agat√≥n Santander.¬† Justicia de G√©nero, un asunto necesario.¬† Editorial Temis, Bogot√°, 2013. p. 187.

[18] La Justicia de Género busca brindar alternativas a las mujeres para que éstas puedan tener acceso a la justicia de manera oportuna, sin prejuicios y estereotipos en razón de su ser mujer y se les ofrezca un tratamiento diferencial y garantista de sus derechos.