No political prisoners in Colombia?

Date 23rd March 2012

The following is an article (in Spanish only) by Miguel √Āngel Beltr√°n regarding the constant reiteration by the Colombian government that there are no political prisoners in Colombia. Professor Beltr√°n was himself a political prisoner for more than two years in the high security section of La Picota prison in¬†Bogot√°. He was released last year as a result of a very active international campaign. He now lives in exile in an undisclosed location.

¬ŅQUE EN COLOMBIA NO HAY PRESOS POL√ćTICOS?

“LA FE EN LA AUTORIDAD ES UNA COSA,

HECHOS QUE SE TOCAN CON LA MANO, SON OTRA‚ÄĚ*

 

El presidente de la Rep√ļblica le recibi√≥ en pie, la cabeza levantada,

un brazo suelto naturalmente y el otro a la espalda,

y, sin darle tiempo a que lo saludara, le cantó:

-Yo le diré, don Luis, ¡y eso sí!., que no estoy dispuesto a que

por chismes de mediquetes se menoscabe el crédito de mi gobierno en lo más mínimo.

 ¡Deberían saberlo mis enemigos para no descuidarse,

porque a la primera, les boto la cabeza!

 

El¬†¬†Se√Īor Presidente

Miguel √Āngel Asturias

 

En una alocuci√≥n televisada, el entonces presidente de la Rep√ļblica Julio C√©sar Turbay Ayala (1978-1982) en respuesta al Informe presentado por Amnist√≠a Internacional, donde se denunciaban graves violaciones a los derechos humanos en Colombia se√Īalaba que ‚ÄúEl gobierno rechaza por inexactas las referidas apreciaciones y afirma que¬†en este pa√≠s no hay ‚Äėpresos de conciencia‚Äô. Nadie ha sido detenido y juzgado por ser sindicalista, m√©dico, abogado, estudiante, campesino, artesano o por pertenecer a un determinado partido pol√≠tico. Lo que ocurre es que entre los sindicados por la comisi√≥n de delitos muy probablemente existen personas que ejercen alguna profesi√≥n u oficio, pero obviamente no es en raz√≥n de su profesi√≥n por los que han sido detenidas, sino por la comisi√≥n de delitos‚ÄĚ (Turbay Ayala, abril 19 de 1980).

Un cuarto de siglo despu√©s, el vicepresidente de la Rep√ļblica Angelino Garz√≥n repite casi textualmente la misma frase: "[En Colombia] Existen presos de organizaciones criminales, de organizaciones armadas ilegales y presos que han violentado la ley. El Estado en Colombia no puede aceptar bajo ninguna circunstancia la existencia de presos pol√≠ticos, eso ser√≠a aceptar la legalizaci√≥n de las organizaciones armadas ilegales y eso no lo vamos a hacer porque son contrarias a la democracia, son contrarias al derecho de la poblaci√≥n a vivir tranquilamente, en bienestar y en paz" (El Universal, marzo 18 de 2012).

La parodia de Angelino Garz√≥n no deja de evocarnos aquel pasaje de¬†¬†El 18 Brumario de Luis Bonaparte, tan frecuentemente citado: ‚ÄúHegel dice en alguna parte ‚Äďescribe Marx- que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dij√©ramos, dos veces, pero se olvid√≥ de agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa‚ÄĚ. Nada m√°s cierto, pues si ayer la expresi√≥n afloraba del cinismo de un genuino representante de la clase pol√≠tica tradicional, hoy la hace suya un ex aguerrido dirigente sindical que aunque en ese entonces lider√≥ protestas callejeras contra el ‚ÄúEstatuto de Seguridad‚ÄĚ, hace tiempo que abandon√≥ sus ideales sociales y se inclin√≥ ante los poderes hegem√≥nicos, revistiendo sus desmedidas ansias de figuraci√≥n con un supuesto nuevo lenguaje pol√≠tico.

Lo que s√≠ comparte esta caricaturesca declaraci√≥n del vicepresidente Garz√≥n¬†¬†es que hoy, como en los tiempos del presidente Turbay Ayala, no s√≥lo las c√°rceles est√°n llenas de prisioneros(as) de guerra y presos(as) pol√≠ticos*?¬†v√≠ctimas de montajes judiciales y falsos positivos, sino que el mismo C√≥digo Penal reconoce dicho delito, por el que arbitrariamente hemos sido privados de la libertad numerosos acad√©micos, l√≠deres sociales, periodistas y miembros de la oposici√≥n que disentimos de las pol√≠ticas oficiales. De manera tal que el prop√≥sito com√ļn de estos pronunciamientos no es otro que el de ocultar las realidades de un conflicto social y armado que se ha prolongado por m√°s de medio siglo.

Lo que sucede es que en Colombia ‚Äďcomo suele en ocurrir bajo los gobiernos de corte autoritario- se ha proscrito el uso p√ļblico de determinados conceptos, los cuales han sido anatemizados como ‚Äúlenguaje subversivo‚ÄĚ, pues al mejor estilo de lo que narra el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, en su novela ‚ÄúYo el Supremo‚ÄĚ se pretende crear nuevas realidades a punta de plumazos (y plomazos). Recordemos que no hace muchos a√Īos, una circular dirigida a las representaciones diplom√°ticas en el exterior, firmada por el Alto Comisionado para la paz de ese entonces, Luis Carlos¬†¬†Restrepo, prohib√≠a el uso de t√©rminos como ‚Äúconflicto armado‚ÄĚ, ‚Äúactores armados‚ÄĚ, ‚Äúcomunidades de paz‚ÄĚ, ya que aceptarlos era a su juicio legitimar ‚Äúlos grupos armados ilegales‚ÄĚ.

La situaci√≥n parece haber cambiado‚Ķ.pero para seguir igual. El presidente Juan Manuel Santos reconoci√≥ hace cerca de un a√Īo -en medio de la euforia inicial que despert√≥ en ciertos sectores de la opini√≥n p√ļblica su¬†¬†promocionado proyecto de unidad nacional- que en Colombia existe un conflicto armado; concepto que fue incorporado al proyecto de Ley de V√≠ctimas de la Violencia, que circulaba en esos d√≠as en el Congreso. Hoy el ex comisionado es requerido por la justicia y el concepto¬†¬†de ‚Äúconflicto armado interno‚ÄĚ discurre -como si nada- por los diarios nacionales, ocupando la atenci√≥n de reconocidos analistas del mismo, que como h√°biles timoneles acomodan sus naves te√≥ricas a los oleajes de la coyuntura pol√≠tica.

Pero hasta ah√≠ no m√°s. Las consecuencias l√≥gicas que de ese reconocimiento derivan son todav√≠a intangibles. Prueba de ello es que ahora el presidente Santos (porque aunque parezca callado, silencioso, mudo, su silencio ‚Äďcomo en la novela del aludido escritor paraguayo- es de mando), niega -a trav√©s de su Ministro de Justicia- el ingreso de una comisi√≥n de verificaci√≥n de las c√°rceles, encabezada por la Doctora Piedad C√≥rdoba e integrada por reconocidas personalidades pol√≠ticas y sociales del continente, para constatar las condiciones en que se encuentran privados de libertad los presos pol√≠ticos, declarando a regl√≥n seguido la inexistencia en el pa√≠s de ‚Äúpresos y presas pol√≠ticos, de guerra y de conciencia‚ÄĚ.

Si como afirma el vicepresidente Garz√≥n ‚Äúa los presos de las FARC se les ha garantizado y se les sigue garantizando el respeto al debido proceso, el respeto a los derechos humanos y se les permite la visita de la familia, la asistencia jur√≠dica y sanitaria", ¬ŅCu√°l es el temor de que haga presencia esta comisi√≥n¬†¬†humanitaria? ¬ŅNo ser√≠a esta una excepcional oportunidad para dar cuenta de las grandezas de ‚Äúla democracia m√°s antigua y estable del continente‚ÄĚ y a la vez destrabar el proceso de liberaci√≥n de los uniformados retenidos por esta organizaci√≥n insurgente, cuya vuelta a sus hogares anhelamos millones de colombianos?

Seguramente la preocupación surge  de que esta misión de observación humanitaria se va a encontrar con una realidad muy diferente: Un trato discriminatorio hacia presos y presas político(as) frecuentemente sometidos(as) a aislamientos, humillaciones y trato degradantes; un régimen penitenciario violatorio de los derechos fundamentales de los internos, que se aplica por igual a condenados y sindicados; una permanente obstrucción a la libre comunicación de los internos con sus abogados defensores (cuando los tienen); un continuo maltrato a los familiares que van a visitar a sus seres  queridos presos; en síntesis, unas condiciones denigrantes para miles de prisioneros(as) que están allí como resultado del conflicto interno colombiano.

La actitud del gobierno frente a la contundente realidad de la existencia de m√°s de ocho mil presos(as) pol√≠ticos(a) en el pa√≠s, nos hace evocar la incredulidad de aquellos sabios de la corte florentina a los que Galileo Galilei trataba de demostrarles sus descubrimientos hechos por medio del telescopio que confirmaban las teor√≠as helioc√©ntricas de Cop√©rnico. Al pedirle a estos eruditos que verificaran a trav√©s de su anteojo la existencia de aquellas estrellas que √©stos consideraban inexistentes, uno de ellos alega que el telescopio ‚Äúal mostrar algo que no existe, no es un instrumento muy exacto‚ÄĚ por lo que ‚Äúser√≠a mucho m√°s provechoso, si usted nos pudiera nombrar las causas [razones] que lo movieron a suponer la existencia de astros que cuelgan libremente en las esfera superiores del inmutable firmamento‚ÄĚ. A lo que el cient√≠fico italiano responde con estupor: ‚Äú¬ŅLas razones? ¬ŅCu√°ndo de una mirada a los mismos astros y con mis apuntes queda demostrado el fen√≥meno? ¬°Pero se√Īores, la disputa resultar√≠a absurda!‚ÄĚ (Bertolt Brecht.¬†Galileo Galilei)

Post scriptum

Los¬†inexistentes¬†presos pol√≠ticos del pa√≠s¬†¬†han manifestado en un reciente comunicado p√ļblico¬†¬†que a partir del martes 20 de marzo de 2012, se declaran ‚Äúen desobediencia y huelga de hambre para exigir del gobierno y las autoridades penitenciarias la ejecuci√≥n de la visita de verificaci√≥n nacional e internacional‚ÄĚ. As√≠ mismo han reiterado estos fantasmas que deambulan en los pasillos de las m√°s¬†¬†de ciento cincuenta c√°rceles colombianas que: ‚ÄúLa paz, la reconciliaci√≥n no se logra ocultando la realidad. Los gestos de paz y de buena voluntad deben ser bilaterales‚ÄĚ.

 


*¬†Miguel √Āngel Beltr√°n V. Profesor Asociado Universidad Nacional. Perseguido Pol√≠tico

 

*?¬†La condici√≥n de¬†prisionero pol√≠tico de guerra¬†hace referencia a:¬†¬†‚Äúaquellas personas que se han alzado en armas con la finalidad¬†¬†de tomarse el poder y derrocar el r√©gimen constitucional y legal vigente, y en raz√≥n de ello han sido privadas de su libertad por su contradictor‚ÄĚ por su parte¬†prisionero pol√≠tico de conciencia¬†‚Äúson aquellas personas que han ejercido el derecho a la oposici√≥n pol√≠tica al r√©gimen o al gobierno vigente, de manera individual o colectiva en su calidad de miembro de organizaciones sociales, barriales, populares, sindicales, pol√≠ticas, estudiantiles, campesinas, defensoras de derechos humanos, ind√≠genas, afro-descendientes, entre otras, y en raz√≥n a ello han sido perseguidas y privadas de la libertad por su opositor‚ÄĚ (Cfr. Traspasa los Muros.¬†Defenderse desde Adentro. Derechos, Tratamiento y Protecci√≥n de las personas en Reclusi√≥n. Bogot√°, octubre de 2010, p.32)

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